FA, la fecundidad de un rumbo, la necesidad de un reciclaje


El pasado sábado 17 de octubre el Frente Líber Seregni realizó un Plenario Nacional, al evento fueron invitados a intervenir “el intendente de Montevideo, Ing. Daniel Martinez, en intendente de Paysandú, Dr. Guillermo Caraballo, el sub secretario del Ministerio de Educación Doctor Fernando Filgueira, y el integrante del Proyecto Miramar – Redes Frenteamplistas; Ewe Vaz. Lo que sigue a continuación es la intervención completa E. Vaz.

Queridas compañeras del FLS, es un honor muy grande este que me han conferido al invitarme a charlar con ustedes, uno de los pilares fundamentales del FA. Es difícil aportar algo a un grupo constituido y calificado como este, pero aceptado el desafío, algo hay que decir.

1) Malestar en la sociedad uruguaya

Si alguien duda que la base económica de la sociedad es un factor determinante de la realidad social, que no el único, basta ver el panorama del Uruguay en este 2015. Los indicadores económicos muestran el enlentecimiento del crecimiento llevando la meta del gobierno al 2,5% de aumento del PBI, aprox, para este año y los próximos. Los más pesimistas dicen que no lo lograremos y los recalcitrantes avisan de la inminente crisis que ya estaríamos cursando.

Como siempre la economía es muy política pero como todo, tiene sus reglas específicas y, sobretodo, sus intereses decisivos. La derecha y sectores empresariales súper explotadores, apuestan al cambio de rumbo, es decir, a la redistribución regresiva de la riqueza modificando la tendencia promovida por el FA y sus tres gobiernos que han llevado el índice Gini al 0.383, seguido por Venezuela con el 0.407, poniendo al país en el primer puesto de América Latina, según Gerardo Caetano y Gustavo Armas.

Pero esta opción política, económica e ideológica de la oposición más reaccionaria, choca con la necesidad social general e, incluso, con los propios intereses de parte de dichos sectores, que necesitan un país pujante, en desarrollo, con más poder adquisitivo de la población, con mayor nivel educativo y más seguridad en todos los terrenos. Los países en crisis son negocio para muy pocos y muy fuertes, lo que deja fuera no solo a los de siempre sino a la mayoría de los sectores pudientes de la sociedad.

Entonces, pararnos frente a las dificultades con el talante progresista que hemos desplegado, donde la condición de desarrollo está marcada por el avance del conjunto y especialmente de los más desposeídos, por el aumento de libertades y derechos, por la regulación sensata y equilibrada del mercado para que, sin ahogarlo administrativamente, no se desboque y deje el tendal -los famosos “fallos” que enseñó Joseph Stiglitz y las conocidas crisis que aprendimos los comunes-, por la reforma estatal en sentido democrático, participativo y descentralizador, y el compromiso de avanzar en la educación, la generación de conocimiento y la promoción de la innovación, son algunas claves que la experiencia de la pos- dictadura muestran como el camino más exitoso que hemos recorrido. Al menos desde nuestra perspectiva ética y política, donde el ser humano en concreto, la sociedad en su conjunto y la naturaleza que nos alberga, son la medida de todo lo bueno y lo malo.

Esta es la base de oro para ampliar y consolidar el bloque de los cambios en el país.

No solo los pobres y los trabajadores han vivido la experiencia y entienden las diferencias entre un proyecto y otro, también un amplio abanico de sectores medios y altos, se han visto beneficiados y ponen sus boletos a esta estrategia de desarrollo.

Como toda construcción de décadas, el FA necesita un reciclaje: se trata de mantener la belleza de la obra y sus cimientos sólidos, dotándolo de todas las posibilidades que ofrece el mundo actual.

Nunca estaremos mejor que ahora, con el gobierno y mayorías parlamentarias, para concretar ungran acuerdo nacional, en base al diálogo franco y con la apertura mental imprescindible, para avanzar en conjunto. Si se plantea el todos contra todos, si todos los patrones y empresarios son enemigos, los empleados públicos son unos ineptos o los docentes son los enemigos del día, estamos perdidos antes de empezar. Necesitamos la voluntad de acordar y la convicción de que este es el camino: sin la inmensa mayoría de las fuerzas sociales, económicas y políticas empujando en la misma dirección, será imposible remover los obstáculos existentes para mantener una vida digna para todos los uruguayos.

Permítanme recordar a Nelson Mandela, no porque nuestra situación tenga que ver con la que tuvo que hacer frente al salir de la prisión o al tomar el gobierno. Quiero traer la concepción de la política que enseñó: la más generosa amplitud con los aliados, como debería ser obvio, pero también con los adversarios: gobernó con el blanco de Frederik Willem de Klerk como vicepresidente y con el jefe de Inkata, el gran enemigo negro del Congreso Nacional Africano, como ministro del interior!! Fue a abrazarse con Fidel y paseó en carruaje por Londres con la Reina Isabel -dicen que fue el único hombre que la tuteaba, salvo su esposo-.

¿A qué le podemos temer? ¿A cambiar nuestras ideas y valores? Por favor, no tengamos miedo de nosotros mismos.Tenemos que desplegar una actitud ofensiva de ese calibre, ser mucho más audaces y desprejuiciados para llamar al conjunto de fuerzas progresistas de la sociedad a esta tarea, más en momentos difíciles.

En particular, necesitamos reencontrarnos con la academia y la cultura artística, factores decisivos en la construcción de la hegemonía cultural y en la producción de ideas para el cambio.

¿A qué le podemos temer? ¿A cambiar nuestras ideas y valores? Por favor, no tengamos miedo de nosotros mismos. Hemos dado mil pruebas de heroísmo y firmeza como para temerle al diálogo, la negociación y el acuerdo para fortalecer el proceso político e institucional del país. Fue Seregni quien nos enseñó a ponerle al mal tiempo buena cara, con aquella sonrisa inolvidable y con aquella visión estratégica y nacional insuperable. En todo caso ¡que se asusten los otros!

¿Por qué hemos de renunciar a este rumbo estratégico, más allá de los cambios imprescindibles que el vertiginoso devenir actual impone a todos y en todos lados a cada momento, si el nuestro da resultados tan auspiciosos?

Vivimos la sociedad líquida que conceptualizó Zygmunt Bauman hace unos años como “aquella que cambia tan rápido que no permite consolidar las formas de ser y actuar en hábitos sociales”. Esto, que no hace falta ser filósofo o sociólogo para entender pues es nuestra vida misma la que lo confirma, nos obliga a desplegar una más rica y variada batería de opciones para adaptarnos y sobrevivir en forma, al menos, decorosa según nuestros valores. Ya sostenía Darwin -Charles, el inglés que es mucho menos atendido que el nuestro, Desbocatti-, que no sobrevive ni el más fuerte ni el más inteligente sino el que mejor se adapta. La famosa Ley de Murphy que establece que “si algo malo puede suceder, entonces, sucederá” tiene entre sus aplicaciones a diversas áreas múltiples corolarios; respecto a la globalización hay uno que dice: “la globalización es un juego obligatorio para todos donde no se puede ganar, no se puede empatar y no se puede abandonar”. ¡Qué síntesis maravillosa y descarnadamente realista!

“la globalización es un juego obligatorio para todos donde no se puede ganar, no se puede empatar y no se puede abandonar”

No hay escape de este mundo, al menos por ahora – aunque ya lo habrá como señala S. Hawking-. Somos un pequeñísimo país, especialmente por población más que por tamaño. Aceptémoslo y desarrollemos aun más esta estrategia adaptativa pero innovadora, que haga que Uruguay siga sobreviviendo a las inclemencias del capitalismo global de la mejor manera posible desde nuestra perspectiva, sin renunciar a la utopía de su superación que, todo indica, será global o no será. Cosa que, caído el sistema soviético y con los datos que muestran China, Vietnam y Cuba, parece la perspectiva más razonable y más probable del curso mundial.

2) Todo está cuestionado en América Latina. Para ejemplificar el debate instalado, déjenme traer a un gran intelectual como Eduardo Gudynas y al vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera.

En un muy interesante artículo que circula en las redes, Gudynas plantea el dilema: fin del progresismo o agotamiento del mismo. Conclusión, esta última, a la que llega: asistimos a su agotamiento, aunque aun puede sobrevivir como en Uruguay, pero “la izquierda democrática, plural e independiente” está llamada a transitar otros caminos. No nos explica cuáles, ni cómo se construye la fuerza social y política para semejantes cambios. No resulta claro como, con un programa más sectario se ensancharía la base social de los cambios. Caen en esta volada desde Venezuela a Uruguay, pasando por Bolivia, Ecuador, Chile, Brasil o Argentina.

El vicepresidente de Bolivia, en cambio, en su conferencia en el encuentro latinoamericano de fuerzas progresistas desarrollado en Ecuador este último verano, dice exactamente lo contrario: el progresismo en AL es el camino de la revolución. SI, la que soñamos en los 60 y 70, por la que fuimos presos, exilados, muertos y desaparecidos. Es también, la respuesta original y concreta al neoliberalismo de los 90 y los desafíos del siglo XXI. Es el camino que encontraron nuestros pueblos, de la mano de las fuerzas políticas con real espíritu transformador, que conquistaron mayorías y están cambiando sus países.

Uruguay no es ajeno a este debate: basta leer mucha prensa de “izquierda independiente y plural” para encontrar todos los días estos planteos en su versión uruguaya: hay que rectificar los rumbos escogidos en la política económica, educativa, de seguridad, etc.; hay que salir del camino represivo que se viene transitando, hay que modificar la política exterior, hay que dejar de ser lo que somos.

Entonces, ¿está todo bien? NO, claro que no. Está lleno de errores de estos 10 años pasados y de este período. Para no ser acusado de “foca aplaudidora”, cumpliré el rito obligatorio de mencionar algunos yerros, según mi criterio:

–el discurso oficial sobre la situación económica y señales confusas emitidas al arranque del ejercicio que habilitaron la sensación de crisis y el discurso antigobierno.

–el horror el decreto de esencialidad que unió a todo el mundo en contra del gobierno, aun a quienes se oponían al manejo del conflicto hecho por los sindicatos de Montevideo y se aisló de sus aliados naturales.

–el desalojo del CODICE, no por la represión brutal que no existió, sino por facilitarle el juego a los grupos provocadores en un cuadro de extrema sensibilidad en la enseñanza y en las propias filas.

–fue un error echar mano al Sistema de Cuidados en la bancada, más allá de su marcha atrás.

–no es aceptable que el M. del Interior no encuentre a 13 militares para ser citados a declarar.

En fin, ¿hace falta seguir criticando para dar pruebas de frenteamplismo crítico y no obsecuente?

Pero no se trata de eso, que es un bollo, al extremo que hoy lo políticamente correcto entre muchos frenteamplistas es ser opositor!

Se trata de entender que el gobierno es la “joya de la corona”. Se trata que sin él no cambiaremos nada. Se trata que sin protegerlo quedará expuesto al desgaste natural de la gestión pública que puede resolver algunas cosas y no todas y, si se suma el inconformismo natural de la sociedad de consumo y la velocidad de las tic que exigen todo YA, más la manija opositora, más nuestros propios errores, más las necesidades insatisfechas que no podemos resolver aun, terminarán por socavarlo y habilitar la derrota. Basta mirar Brasil, más allá de diferencias obvias, para ver cuan rápido puede ser el desgaste de un presidente electo con más de la mitad del electorado hace menos de un año. La última encuesta al respecto no hace más que marcar la caída de Tabaré en la valoración popular.

Ayuda recordar Chile, tanto en la época de Allende como con la Concertación: la incapacidad de resolver los principales problemas económicos, aunque no definitivamente pero, al menos, en su tendencia, es un talón de Aquiles del proceso. Lo señalaron figuras destacadas como Luis Corvalán, Secretario General del PCCh en el 73, lo marca ahora García Linera: “la suerte de los procesos revolucionarios en curso en AL se dirimirá en su gestión económica” y nos lo señaló el Che, como tan oportunamente acaba de recordarnos el compañero Gabriel Papa en su último artículo.

Se trata de entender el disenso social, las contradicciones naturales e inevitables de toda sociedad, las limitaciones objetivas existentes y tratarlas desde una perspectiva común y armoniosa con el proceso de cambios. No hay procesos idílicos y no debemos temer al conflicto: el arte de la política es saber orientarlos en función de la acumulación y resolución favorable al proyecto.

3) FA: Hablar del Frente Amplio es hablar de la mayor obra política y cultural de la izquierda uruguaya. Son 44 años de desarrollo pleno, sinuoso, discutido, sufrido, heroico, plagado de errores y lleno de aciertos. Se creó por inspiración de los dirigentes de aquella época, que junto a sus organizaciones políticas, se animaron a dar el gran paso rompiendo todos los esquemas existentes.

Los aquí presentes son parte de esa obra colectiva y no es necesario contárselas.

Entre los aspectos decisivos que se analizan de los procesos victoriosos como de los derrotados está el problema de la dirección. No hay dos opiniones al respecto: sin una conducción lúcida, fuerte y unida, es imposible la tarea histórica.

Nuestro FA enfrenta en la actualidad una importante crisis al respecto. No hay presidenta/e en ejercicio ni vices y nadie a nivel nacional puede dar el nombre de los dirigentes frenteamplistas que lo conducen. No necesita mayores comentarios y, como en todo colectivo, es un problema de todos.

¿Es necesario hablar de cuánta gente participa en los comités de base, no ya regularmente, sino en las instancias fundamentales? ¿O de la comunicación institucional? ¿O la unidad de acción? Por señalar algunos problemas. En fin, todos lo sabemos y sufrimos.

Pero no se crea que hablamos de nuevas tecnologías, cosa obvia si las hay, sino de política, de ideas, de conocimientos nuevos en la filosofía, la sociología y la psicología, de nuevos desarrollos organizacionales, de las experiencias de gobierno tanto nacional como departamentales, de las nuevas realidades y experiencias continentales y mundiales.

Si se quiere un hilo conductor del reciclaje, no puede ser otro que la democratización radical de la organización. Esto implica no solo votar con todas las garantías sobre todo lo que sea necesario, sino y fundamentalmente, el debate permanente, constructivo y orientado al consenso, en diálogo con toda la sociedad. Democracia representativa y participativa, sin subterfugios ni restricciones.

La recreación del clima unitario y fraterno dependerá de la acción de cada uno, tanto grupos como individuos, no dando espacio al insulto, la descalificación y el agravio. Ninguna sanción ni tribunal de conducta nos hará unitarios: será el fruto maduro de una concepción y de una práctica conjunta que, como en el amor, nos haga mejor la vida a los que participamos. Mientras haya incentivos para no actuar unitariamente, no se resolverá la cuestión de fondo.

Necesitamos incorporar el potencial único e inmenso de los cientos de miles de frenteamplistas: nada ni nadie tendrá más inteligencia, mayor creatividad ni fuerza que ese cerebro colectivo.

Necesitamos instalar al FA en cada rincón del país, en cada conglomerado social, en cada barrio. Debemos pensar cómo incorporarlos y cómo nos incorporamos a los más diversos movimientos sociales que florecen en el país. No será cooptando dirigentes ni infiltrando militantes, sino encontrando formas de ser y hacer que habiliten a la participación y la construcción colectiva.

El FA debe ser el ámbito natural de las fuerzas progresistas, espacio de elaboración y propuestas que sinteticen las necesidades populares y les den la coherencia necesaria con el programa común.

Ahora, si para ello hay que ser de un sector o ir al Comité de Base, estamos proscribiendo a la inmensa mayoría de los frenteamplistas y acotando este universo a un cada día más reducido grupo de militantes.

No se trata de la maldad de nadie. Ha sido el cambio vertiginoso de la sociedad y la incapacidad que hemos tenido todos en ponernos al día. Y nos ha faltado imaginación.

Debemos construir un relato que de sentido al proceso en esta nueva etapa…

Así como necesitamos un gran pacto nacional que ubique al proyecto progresista como hoja de ruta de las grandes mayorías -mucho más que el 50% que nos votó-, necesitamos otro, frenteamplista, que nos de la solidez conceptual y espiritual para aquella enorme tarea histórica.

Debemos construir un relato que de sentido al proceso en esta nueva etapa y le de un horizonte utópico al cual dirigirnos. Necesitamos un liderazgo claro con un discurso esperanzador.

En época de la presidencia de Batlle, alguien graffiteó: “basta de verdades, queremos promesas”.

Claro, aquella realidad era insoportable. Pero lo interesante es que se trata de un fenómeno permanente en la vida humana: necesitamos horizontes, necesitamos promesas, necesitamos alimentar la condición más humana que tenemos: el espíritu o la conciencia, como prefieran.

Necesitamos un discurso inspirado en el “realismo mágico” latinoamericano, capaz de poner en los anhelos del pueblo aquellas fantasías y sueños que merecen construirse, sin ninguna demagogia pero sin ninguna restricción. Alimentemos el alma de la gente a la vez que satisfacemos las necesidades básicas y crecientes. El futuro se construye, no está predeterminado.

De esto sabe bien el Papa, que logra movilizar multitudes en una alicaída iglesia, llena de problemas profundos. ¿Cómo lo hace a pesar de no resolverles ningún aspecto material? Dando esperanzas, llamando a los pobres, a los trabajadores, a los sufrientes a sumarse a la lucha por un mundo mejor.

Su consigna de las tres T: tierra, techo y trabajo es fantástica y deberíamos apropiarnos de ella. Creo que deberíamos agregarle las tres D: democracia, derechos y deberes.

Vamos a nuevas elecciones para la presidencia del FA: no hay objetivo más importante que transformarlas en el punto alto de una contraofensiva para reafirmar la voluntad de cambio progresista. O se fortalece el FA o no habrá fuerzas para acompañar al gobierno en la concreción del programa que votamos y darle continuidad al proyecto. Propongámonos superar la elección pasada, no juguemos al “achique” ni nos resignemos a lo que hay, confiemos en la gente y abrámonos a la participación.

¿Cómo puede el Sunca hacer votar en cada obra, en todo el país, a miles de obreros? ¿Cómo logró el PSUV de Venezuela más de 3 millones y medio de votos para elegir sus candidatos a diputados? Con el secreto de Mahoma: ir a la montaña si ella no viene a ti!

Vayamos a buscar a la gente, escuchémosla e intercambiemos. Pongamos todos los recursos económicos y materiales disponibles para hacer de esto no una lucha fratricida sino el comienzo de una nueva etapa en la vida del FA.

Por nuestra parte, ya salimos el próximo 31 a celebrar los 11 años de la primera victoria. Necesitamos aire y gente. Por supuesto, contamos con ustedes.

4) las Redes: No puedo terminar sin decir unas pocas cosas de las Redes, verdadero motivo por el cual tuve el privilegio de ser invitado, a las que no represento pero de las cuales participo desde su creación.

Los sociólogos han explicado desde hace un par de décadas, al menos, que el mundo ha transitado de la moderna sociedad industrial a la posmoderna sociedad informacional. Este fenómeno multicausal, tiene una base fundamental en el nuevo paradigma tecnológico inspirado en las redes digitales. Si bien es cierto que la tecnología dominante no determina la sociedad, ni el modo de producción, ni el orden existente, impone una lógica acorde a su propia esencia.

Las Redes Frenteamplistas no son la solución a nuestros problemas, son una experiencia innovadora que, usando las nuevas tecnologías, se dedican a lo de siempre en política: discutir, informar, juntar gente, movilizar, hacer campañas.

Por eso nadie discute hoy día lo que fue la sociedad industrial. Construida en base a las grandes industrias y fábricas, organizó al estado, la educación, los gremios, los partidos políticos y tutti cuanti, a su imagen y semejanza. No desapareció lo anterior totalmente, lo sometió, lo modificó y lo subordinó a su lógica. ¿Por qué? Porque era más eficiente en términos de poder.

¿Qué sorprende, entonces, de la revolución de las TIC? Cuando toda nuestra actividad está atravesada por las computadoras y la telefonía celular, cuando hemos visto en brevísimos lapsos de tiempo, pasar de la internet de las personas a la internet de las cosas y ya no podemos seguir los avances tecnológicos, debemos aceptar que algo cambió para siempre.

¿Qué sigue habiendo capitalismo? ¡Seguro, y más que antes! ¿Qué sigue siendo injusto, depredador, irracional e irresponsable? ¡Seguro, y peor que antes!

Pero es distinto en su forma de ser: es cada día más global, más poderoso, más ubicuo y menos aprehensible. Ya no sabemos donde hay que tomar el poder para liquidarlo.

Es un mundo definitivamente enredado.

Dice I. Ramonet: “Para las generaciones de menos de cuarenta años, la Red es, simplemente, el ecosistema en el que han pulido su mente, su curiosidad, sus gustos y su personalidad. Desde su punto de vista, Internet no es sólo una herramienta autónoma que se utilizaría para tareas concretas. Es una inmensa esfera intelectual donde se aprende a explorar libremente todos los saberes. Y, de forma simultánea, un ágora sin límites, un foro donde las personas se reúnen, dialogan, intercambian y adquieren, a menudo de forma compartida, una cultura, conocimientos, valores.

Internet representa, a ojos de estas nuevas generaciones, lo que era para sus mayores, de forma simultánea, la escuela y la biblioteca, el arte y la enciclopedia, la polis y el templo, el mercado y la cooperativa, el estadio y el escenario, el viaje y los juegos, el circo y el burdel…

A la par que alerta sobre la vigilancia total y la pérdida de privacidad, fenómenos que vienen de la mano de la expansión imparable de as redes.

Con la crisis del 2002, con algunos compañeros que aquí están y otros, empezamos a participar en redes electrónicas políticas, que no son lo mismo que las sociales como Facebook o Twitter. Fueron SyP, pM, Ujotafing, y otras las que iniciaron este camino de búsqueda de nuevas formas de participación. Los resultados, 13 años después, los conoce todo el país.

La campaña 2009 fue de irrupción sorprendente de aquel fenómeno que movilizó a miles. ¿Recuerdan que el FA llamó a no participar en la rambla a la primera convocatoria por Facebook?

Luego vino el banderazo que quedó instalado como forma de movilización popular: hoy hacen banderazo los gremios, los partidos políticos, la marcha de la diversidad.

Fue la entrega de armas con bombas de chocolate y cañones de dulce de leche, con nuestro Feldman y Marenales de peluca rubia y credencial en mano.

Y ya no se fueron. Hicieron el festejo de los 40 años del FA en la Ramírez, cuando lo institucional fue en el Parlamento, ¿se acuerdan? Siguieron decenas de pequeñas acciones y millones de correos, mensajes de texto, publicaciones en Facebook y Twitter. Una labor cotidiana y sistemática donde participan miles, entre ellos, seguramente la mayoría de ustedes.

No quiero aburrirlos con la campaña 2014, los mil logros, la marchatrás, la bandera uruguaya, el homenaje a la comisión No a la baja en la Ramírez, los banderazos en el interior y BA, las camisetas y pegotines, el “pedidosFA”, los inflables y los juegos infantiles.

Las Redes Frenteamplistas no son la solución a nuestros problemas, son una experiencia innovadora que, usando las nuevas tecnologías, se dedican a lo de siempre en política: discutir, informar, juntar gente, movilizar, hacer campañas. Son una pequeña parte del movimiento que no tiene dirigentes ni locales, nadie disputa cargos en su nombre ni en el estado ni en el Frente, su único programa es el del FA y se juegan por los candidatos comunes en todas las instancias.

Lo que intentamos es promover más y mejor FA. No le imponemos nuestra forma de ser a nadie y no nacimos para disputarle nada a la estructura ni a los sectores. Somos una incubadora de proyectos frenteamplistas, enredándonos entre pares sin importar generación ni género, cargos o trayectorias.

No somos mejores que nadie pero somos tan frenteamplistas como el que más.

Nos sentimos orgullosas de haber aportado algo nuevo y valioso a la política nacional y, muy especialmente, de haber sido parte de las victorias de nuestros gobiernos.

Somos, sobretodo, orgullosas de ser frenteamplistas.

Por Eduardo Vaz Integrante de la Red Proyecto Miramar

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